Cerámica contemporánea de México

El barro negro de Oaxaca
Dino Rozenberg

Una visita al famoso pueblo de San Bartolo Coyotepec, cuna del famoso barro negro de Oaxaca, en México. Y también la narración de algunas cuestiones técnicas, y de "curiosos" misterios y leyendas.

Estuvimos en la ciudad de Oaxaca después de muchos años de ausencia, y la espera valió la pena. Ya saben cómo es una experiencia agradable: llegar de buen humor, con muchos deseos de pasarla bien y pocas expectativas sobre la forma en que esto se desarrollará. Fuimos manejando desde la ciudad de México, por la autopista que va a Puebla.
El motivo principal era ver el estado actual de la cerámica oaxaqueña, y en especial la de San Bartolo Coyotepec, así que no vamos a entrar en detalles sobre la ciudad, el mercado, las comidas y las costumbres. Si alguien alguna vez necesita una orientación, puede escribirnos un correo electrónico.

San Bartolo Coyotepec
Este pueblo tiene una bien ganada fama en el mundo de las artesanías mexicanas, y ocupa un lugar importante entre las cerámicas populares más apreciadas y buscadas del país, como la talavera o las de Michoacán. Es muy fácil reconocerla por su bruñido a punto de brillo y su intenso color negro. De hecho, se conoce como “barro negro de Oaxaca”.
Los artesanos locales y las autoridades de turismo locales, y hasta algunas de niveles muy superiores han venido jugando con la idea de que este acabado negro lustroso es realizado “con una fórmula secreta”. En general, la gente de la zona trata de ocultar la técnica, en parte para cubrir el asunto con una especie de misterio, en parte para evitar que otros pueblos e incluso gente de la misma localidad, que no pertenece a las familias conocidas, se pongan a hacer el mismo trabajo y aumente la competencia. En nuestra experiencia de acercamiento a las artesanías populares, esto no es nuevo: muchas veces hemos encontrado la idea de la “fórmula secreta” y de una supuesta técnica pasada secretamente de generación en generación. La verdad es que casi nunca hay algo así, y la mayor parte de las veces, a un ceramista con cierta experiencia le resultan más o menos claras las formas de hacer las cosas.

Ni es tan negro
La idea del “barro negro” no debe confundir a la gente, porque en realidad el barro nativo y crudo –antes de ir al horno-- es rojo como la mayoría de las arcillas de baja temperatura. Quema rojo amarillento, y si se rompe una pieza ya cocida se ve que el barro es rojo y sólo las superficies están negras.
Según los mejores criterios conocidos, el “barro negro” se quema a baja temperatura en atmósfera reductora, con las aberturas del horno completamente cerradas; estamos hablando de hornos caseros-rudimentarios, hechos con apilados de ladrillos y montados cada vez que se hacen quemas.
Hay que saber que Oaxaca no es el único lugar en el mundo donde se usa esta técnica. Recuerdo haber comprado, hace muchos años, una pieza de barro rojo de baja, bruñido y quemado negro, en la provincia de Chaco, en el norte de Argentina. Pero el caso es que aquí se le atribuye a Doña Rosa haber inventado el barro negro brillante. Y ahora narraremos algo sobre esta famosa artesana oaxaqueña.

Para llegar a San Bartolo Coyotepec
Este pequeño pueblo está a 20 minutos por carretera pavimentada desde la ciudad de Oaxaca. Es muy fácil llegar. Hay talleres con exhibición y venta de piezas a ambos lados de la carretera, pero nosotros nada más doblamos a la izquierda, que es donde está el taller más conocido y de prestigio, la Alfarería Doña Rosa.
Se encuentra en la calle Benito Juárez 24, San Bartolo Coyotepec, Oaxaca, y el teléfono es (955)100-11. Abajo transcribimos un texto copiado del folleto que le entregan a los turistas que van a conocer este negocio.
Está abierto de lunes a domingos de 8:30 AM hasta las 7 PM, y conforme se juntan turistas, se realizan exhibiciones de torneado y algo de pastillaje a cargo de Valente Nieto Real, el sucesor, que hasta donde pudimos entender es el hijo de la fundadora, Rosa Real de Nieto, una señora de origen indígena que nació en 1900 y murió en 1980.
Fue de verdad una heroína de las artesanías, y quién sabe por qué razones gozó de la simpatía de presidentes y dignatarios de México. Puedo creer que a algunos de ellos les pareció una especie de símbolo, y la consintieron en diferentes formas. En la casa todavía se pueden ver recortes de periódicos y fotografías tomadas con algunos presidentes y altos funcionarios mexicanos y extranjeros que fueron a visitarla, así como diplomas y reconocimientos por sus méritos artísticos.
El lugar es interesante: un gran estacionamiento donde pueden acomodarse media docena de autobuses (microbuses) turísticos y varios automóviles, y luego, en el edificio principal, un patio de unos 30 metros de lado bordeado por los cuatro costados por la construcción. En uno de los costados del patio, bajo techo, se disponen unas 100 sillas, como auditorio, para que la gente pueda sentarse y ver trabajar a Valente Nieto, que parece bastante aburrido ya de hacer todos los días lo mismo.
Pero quienes saben de cerámica reconocen que el trabajo de torno, con las manos, es maravilloso y siempre sorprende a los que no están acostumbrados. Tiene algo de magia que le encanta a la gente y sobre todo a los niños. A los pequeños se les anima para que tomen un poco de barro fresco y hagan alguna pieza junto con Valente. Es una buena forma de hacer atractivo este tema, y que no parezca que la gente sólo viene a comprar. Si en otras ceramiquerías de México se hiciera esto, sería una buena forma de promover la artesanía y de darla a conocer.

Buenas compras
Una vez terminado el espectáculo, la gente puede pasar a las otras tres galerías, donde se exhiben, de una manera agradable pero nada coqueta, las piezas que salen a la venta. Todo es barro negro y según nos dijo Valente, todos los productos son hechos por él y sus hijos. Deben trabajar muchísimo, porque hay cientos de piezas diferentes. Le preguntamos si le compra alguna producción a otros artesanos, pero él dice que no, que toda es hecha por la familia. Se pueden encontrar desde pequeños ceniceros, silbatos y figuras a partir de los 8 y 10 pesos (aproximadamente un dólar, al cambio de 9.50 de inicios de 2000), piezas de unos 20-25 centímetros por 80 o 100 pesos, y otras, las más grandes, recipientes de 80 centímetros de alto, por 900 o 1000 pesos. La verdad es que las piezas en general son de buena calidad, están bien terminadas y son relativamente baratas en términos de lo que nosotros llamamos “valor decorativo”.
El señor Valente debe estar superaburrido de que le llegue gente a proponerle cosas y negocios “en frío”, o simplemente a preguntarle sobre la cerámica. Nosotros le preguntamos algunas cosas y nos contestó de manera muy tibia, incluso evasiva.
Sobre la técnica del barro negro no nos quiso decir ni una palabra. Luego le preguntamos sobre el barro, y nos contó una confusa historia sobre que la mina o cantera de barro de donde extraen la materia prima los artesanos locales es como una fortaleza, donde sólo pueden ir a escarbar los artesanos autorizados, y que está prohibido que se le pase barro a los extraños. Esto, creemos, es su forma de alimentar la idea de que el barro tiene algo de especial. Tere, ya sin pedir permiso, tomó unos pedazos de barro de la pella que Valente usa en sus demostraciones, y luego los quemó en nuestro horno. Aunque no usamos la atmósfera reductora, el barro se comportó como cualquiera de su clase, y resultó rojo amarillento. Como en ocasiones hemos recibido solicitudes de turistas-ceramistas deseosos de trabajar unos días en talleres artesanales, preguntados sobre esto.

El misterio y lo prohibido
Le sugerimos si estaría dispuesto a aceptar a un grupo de aficionados que pudieran trabajar un par de días en sus talleres, y que luego se les quemaran sus piezas y se las pudieran llevan con ellos, y nos dijo que esto no era posible, que estaba prohibido compartir la técnica con gente de fuera de las familias locales, como si nos hablara de un gremio medieval.
Fue bastante bonito todo este rollo, que nosotros obviamente nunca creemos, pero que se repite en muchos otros sitios (no sólo en México) donde hemos preguntado y curioseado. Lo curioso es que saliendo del negocio Dona Rosa, a media cuadra de distancia está Alfarería Juanita, en la calle Benito Juárez 29 (teléfono (955)100-66, con Claudia), donde nos dijeron que ellos usan aceite para el pelo o brillantina para el bruñido, y que con gusto aceptarían un grupo de turistas para trabajar un par de días en su taller, para aprender y usar el material en sus propias piezas. Tere pudo sentarse unos minutos con una de las señoras de la casa, y estuvo viendo como bruñían las piezas, a mano y de manera muy laboriosa, con el reverso de una cuchara. Para esto usan todo tipo de cosas, incluyendo piedras lisas, metales, etc. Yo por mi arte, me fui al fondo del taller donde trabajaba uno de los muchachos en el torno de patada, haciendo floreros: una docena en unos cuantos minutos.
Estas personas no parecían tener ninguna reserva ni temor, y si hubiéramos querido saber más, nos lo hubieran dicho. Nada que ver con las evasivas del heredero de Dona Rosa.

Negro de gratito
Otro de los recursos bastante conocidos del barro negro de Oaxaca, que prácticamente se encuentra en todos los talleres, es un acabado negro-metalizado, como una pátina plateada, cuyo origen se atribuye a un señor René Pérez y que supuestamente se logra tallando las piezas, en estado de cuero, con un trozo de grafito tomado de la carcaza de una batería de automóvil. No puedo saber si esto es cierto (si las baterías son de grafito, aunque las más modernas veo que son de plástico), pero el asunto hace sentido en la medida en que el grafito es propiamente una forma de carbón, y en el barro negro de lo que estamos hablando es de una superficie carbonizada y cristalizada. De todos modos hay que tener cuidado con algunos “barros negros“, cuya negrura y brillo se obtienen artificialmente con grasa-pomada para zapatos, pintura y lacas acrílicas comerciales.

La verdad es que disfrutamos este viaje, y los recorridos por San Bartolo Coyotepec, y hasta tomamos con humor y filosofía estas curiosas historias y actitudes de los artesanos, que le dan un toque sabroso a la experiencia. Para comprar, la verdad es que es una maravilla, porque se pueden conseguir piezas muy bien acabadas, incluso finas, por precios cómodos. Hay que ver con cuidado, claro, porque hay también muchas segundas y terceras, sobre todo en las tiendas de la ciudad y alrededor de los mercados. Supongo que las piezas más conocidas son las vasijas y los floreros, y unas muy típicas son las vasijas de forma esférica, con boca ancha arriba, pero con el cuerpo completamente calado de agujeros, como si fuera un gran colador. Y según entendimos, es lo que son, justamente, para quitarle paja y piedras a los frijoles y otros granos. Se echa dentro el alimento, se sacude, y las piedras y basuritas pequeñas caen, quedando dentro el frijol limpio. En las casas de familia obviamente no sirven para nada, así que el uso más común es ponerlas bocabajo y encender dentro una vela o una lámpara para beneficiarse de una bonita iluminación intimista. Hasta donde vimos no hay vajillas de esta cerámica, por razones obvias (¿le gustaría comerse una sopa en un plato negro-negro) ni nada que propiamente se pueda usar en la cocina; todo es para uso decorativo.
De las otras cerámicas de Oaxaca, en particular de la de color verde, prometemos informar más adelante.
México, 2000

Doña Rosa y su barro negro
(fragmento copiado del folleto que entregan en esta alfarería)

Una de las poblaciones más importantes en el valle de Oaxaca, en la producción de alfarería es San Bartolo Coyotepec, población ubicada a 8 km de la ciudad de Oaxaca, pasando el aeropuerto. Esta población es reconocida por su único barro negro. En Coyotepec, destacó por mucho tiempo la personalidad de Doña Rosa Real de Nieto, que fue reconocida con medallas y diplomas. Sus trabajos fueron apreciados por coleccionistas y su fama sobrepasó las fronteras de México. Ella le dio brillo al barro negro, cuando accidentalmente descubrió que la cerámica se podía pulir con piedras de cuarzo, de esta forma salió lo que hoy conocemos como barro negro brillante. En sus últimos años ella continuó transformando barro en hermosas piezas, con la fuerza y la habilidad de sus mejores años. Ella trabajó en su taller demostrando sus habilidades a aquellos que vinieron a visitarla hasta el día de su muerte, en 1980. En el taller de Doña Rosa se continúa el método tradicional del torno sin rueda, que consiste en dos platos cóncavos de barro, uno hacia abajo soportando el otro. Este método es una herencia prehispánica. Las piezas se moldean sobre este torno.
El proceso de elaboración dura de 20 a 30 días, que va desde el moldeado a el decorado, a el secado lento en cuartos cerrados.
Los diseños más utilizados son los florales, algunos de ellos intercalados con diseños de aves.
 

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