Cerámica contemporánea de México

La industria de la cerámica resiste el impacto

Las vajillas, sanitarios para baño y recubrimientos para pisos y muros pertenecen a la industria cerámica, pero sus rumbos marchan separados. Mientras las vajillas nacionales sucumben ante los productos importados, los otros dos subsectores repuntan por el boom en la construcción
Por Andrea Vega Valerio

De los tabiques a los floreros y de los pisos a los lavabos, los productos de cerámica siguen dándole guerra al plástico y al comercio desleal
La industria mexicana decidió complementar su oferta con productos chinos

México tiene una gran tradición en la cerámica popular, pero a nivel industrial no ha logrado un buen desarrollo. Ninguna de las variadas líneas de negocio que componen este sector puede presumir de gran bonanza. Ni siquiera las tres más grandes: recubrimientos y azulejos para pisos y muros, muebles de baño y vajillas de mesa. Estas últimas sufren las consecuencias del feroz embate del plástico y de los productos chinos.
Los industriales orientales no son los únicos que quieren comer de la mesas mexicanas. En el mercado ya se comercializan vajillas importadas de Colombia, Ecuador, Inglaterra, Alemania e Italia. Pero el competidor más agresivo es China: de 1997 a 2003 sus exportaciones a México se han incrementado 32.4%.  

Esto se explica, en parte, por su capacidad productiva de más de 800 millones de piezas al año. Incluso una sola de sus plantas podrá producir muy pronto 400 millones, contra los 53.2 millones que se producen en México, en cuyo mercado se comercializan 95 millones de piezas anuales, de las cuales 42 millones son de importación (52% viene de China) y el resto de fabricación nacional. De manera que a China le bastaría destinar 11% de su producción para cubrir sin problemas el mercado mexicano.Además, China tiene los costos de producción más bajos del mundo, lo que le permite ofrecer vajillas a partir de 170 pesos, una cifra contra la cual nada pueden hacer los fabricantes nacionales, cuyos precios más bajos oscilan entre 199 y 250 pesos. Esto vale tanto para una vajilla de barro rojo como para una hecha en forma industrial. Por si fuera poco, en lugar de cerrar filas, los dos más grandes productores nacionales, Santa Anita –que contribuye con 66% de la producción– y Ánfora –con 20%, incluyendo la vajilla azul de Sanborns–, han decidido jugar estrategias distintas y, aunque lo nieguen, se encuentran hoy en plena confrontación.

La apuesta final

En un intento por frenar la competencia desleal de las vajillas chinas, Santa Anita solicitó en 1997 la aplicación de cuotas compensatorias para esos productos y argumentó que estaban perjudicando la industria nacional. La Secretaría de Economía (SE) le dio la razón y decidió imponer cuotas compensatorias de 95.06% para vajillas y piezas sueltas de cerámica, y de 99.81% para las de porcelana. Al vencer la vigencia de estas cuotas en 2002, la empresa solicitó a la SE no eliminarlas porque, aun con su aplicación, la participación de las empresas mexicanas en el mercado nacional había caído a 56%.  Aseguró, además, que sin los aranceles no podría competir con los productos chinos, se vería obligada a cerrar sus instalaciones y el mercado mexicano quedaría en poder de las importaciones.
Sorprendentemente, y a pesar de que la SE consideró que había indicios suficientes para seguir protegiendo esta industria, Santa Anita se desistió de su demanda y solicitó la eliminación de los aranceles. ¿Por qué el cambio? Porque, según versiones de fuentes que pidieron no ser identificadas, esto ya no conviene a sus nuevos intereses.
 

Y es que, al no poder competir con los productos orientales, en parte porque los chinos encontraron la forma de evadir aranceles al ingresar a México vajillas fabricadas en su país pero facturadas en otras naciones, la empresa mexicana decidió importar productos hechos en China, a los que sólo les coloca su marca. En estas condiciones ya no le era conveniente la aplicación de las cuotas compensatorias.
“La idea es complementar nuestra producción con líneas fabricadas en China, como las que están pintadas a mano o las de colores sólidos, que requieren de un equipo especializado que eleva los costos y hace ineficiente la planta”, afirma Marcelo Rodríguez Segovia, director general de la división Negocio Hogar del Grupo Industrial Saltillo (GIS), que agrupa varias empresas, entre ellas Cerámica Santa Anita.
Hasta el momento, afirma el ejecutivo, la importación representa 7% del volumen que comercializa la firma y que podría aumentar hasta 30%. “Aun así, la producción en nuestra fábrica no va a disminuir, porque los productos procedentes de China se traerían para competir en otros segmentos del negocio de vajillas,” asegura. Ánfora, ubicada desde hace un siglo en la ciudad de México, no comparte esta estrategia, y cuando tuvo conocimiento del desistimiento por parte de Santa Anita, interpuso un juicio de amparo contra la SE para evitar la eliminación de las cuotas.
“Nosotros creemos que en esto no existen medias tintas –argumenta Alejandro Muñoz, gerente comercial de Ánfora–. Si una empresa nacional empieza a importar, terminará importando la totalidad de lo que comercializa, cerrará su planta y se convertirá sólo en una marca. Nosotros creemos mucho en el valor de nuestra fábrica como para permitir eso.”
El directivo agrega:  “Hemos decidido apostarle al fortalecimiento de nuestra fábrica, a la que en los últimos años se le han invertido alrededor de 5 millones de pesos. Nos vamos a salir de canales de distribución, como las tiendas de autoservicio, donde exigen precios muy bajos, y vamos a quedarnos con los clientes que prefieren calidad, como hoteles, restaurantes y tiendas departamentales”.
Muñoz reconoce que al salirse de algunos canales, la empresa se ha vuelto más pequeña y que si bien ahora quedan 650 de los 1,000 trabajadores que había hace unos años, “preferimos eso a cerrarla por completo y convertirnos sólo en una marca”.
Para reducir el impacto que representa abandonar los autoservicios y poder estar más cerca del cliente final, Ánfora decidió abrir sus propias tiendas. En la actualidad tiene cinco establecimientos donde comercializa sólo su marca, y planea abrir siete más en diferentes ciudades de la República.

Otro punto fundamental para Ánfora es enfocarse a la exportación. “Aquí el precio no es una variable que defina las compras –asegura Muñoz–, porque lo que más se exige es calidad. Estados Unidos es un mercado muy importante para las vajillas y si se les ofreces un buen producto, los clientes prefieren importar de México que irse a China una semana y esperar cuatro a que les llegue el pedido.”
La empresa repunta ya en exportación. Hace cuatro años vendía al exterior entre 1 y 2% de su producción, pero ahora alcanza 20%, cifra que pretende duplicar dentro de dos años y llevarla a 60% en cinco. Los mercados blanco para este repunte son Estados Unidos y Canadá, aunque también exporta a Alemania y Sudamérica.  De momento no se sabe en qué parará el duelo entre Santa Anita y Ánfora. La SE no ha decidido aún si suprime o mantiene las cuotas, y sólo el tiempo dirá quién apostó por la mejor estrategia.

Baños relucientes

El sector de los muebles de baño (tazas, lavabos y accesorios) no ha sufrido el embate de la importación y casi todo es consumo interno: entre 8 y 9 millones de piezas al año que se cubren con producto fabricado en el país. La producción, que ronda los 20 millones de piezas anuales, alcanza además para que México sea un importante proveedor de Estados Unidos: 50% de la manufactura se envía a aquel país y a Canadá, gracias a la apertura del TLCAN.
“Los fabricantes mexicanos tenemos una buena porción de mercado en los tres países –explica Federico Toussaint, director general de Lamosa–, porque fabricamos sanitarios de alta calidad. Incluso firmas estadounidenses han abierto plantas aquí para exportar a su país, porque la manufactura de muebles para baño demanda mayor mano de obra y habilidad que la requerida en otras líneas de producción. México tiene una buena disponibilidad de obreros calificados.”
En este mercado compiten al menos 20 productores, entre ellos Lamosa, Vitromex, Orion, y dos estadounidenses, American Standard y Collers. Hay empresas medianas, como Porcelamex, Procemex y Ánfora, y otras 10 más pequeñas.
La competencia, por supuesto, es dura. Nichos como el de los sanitarios muy baratos o el de los de gran diseño están saturados. En este momento las mejores oportunidades se abren en las líneas de productos que ahorran agua.

“Este mercado ha crecido mucho en comunidades rurales como Oaxaca –dice Muñoz, de Ánfora–, donde se está comercializando la taza ecológica, que no utiliza agua, de manera que se está introduciendo en zonas donde hay escasez de este líquido o no hay desagües.”
Además de la fuerte competencia interna, los productores de sanitarios enfrentan otro problema: los vaivenes de la demanda, directamente ligada al desempeño del sector de la construcción. Según Muñoz, el mercado nacional es muy maduro y cíclico. “Cuando la construcción de viviendas se detiene –agrega–, los fabricantes de sanitarios tienen que rematar todos sus productos para no quedarse con grandes inventarios; cuando se reactiva, como en los últimos dos años, vuelve a repuntar.”
El mismo esquema se reproduce en relación con la evolución de la construcción en Estados Unidos, según describe Rodolfo Fernández, director general de Vitromex. “Puesto que casi la mitad de lo que se fabrica en México se envía al mercado estadounidense, cuando éste se cae, como sucedió en 2002, se crea un excedente de oferta en México y sobrevienen las guerras de precios.”
Pese a todo, dice el directivo de Lamosa, este mercado tiene un potencial importante, gracias al impulso que se le está dando a la construcción de vivienda de interés social, media y residencial.

Pisos y paredes

La industria de los pisos ya que vuela. Este sector tiene buenas posibilidades de crecimiento, incluso mejores que el de los sanitarios, porque no depende tanto de la vivienda nueva. Según Toussaint, de Lamosa, 60% del consumo de losetas y azulejos se hace para decorar una casa ya comprada o para remodelación.
De momento no se puede precisar cuánto crecerá este nicho al final de 2004. Actualmente, el promedio anual de ventas ronda los 150 millones de metros cuadrados. La producción nacional ascendió, en 2003, a 180 millones de metros cuadrados, de los que 40 millones fueron para la exportación, principalmente a Estados Unidos. Fernández estima que ese país consume 95% de todas las exportaciones en este negocio.

En cuanto a importaciones, éstas rondan los 14 millones de metros cuadrados, es decir, 9.5%. “Y aunque –según el directivo de Vitromex– de 2002 a 2003 crecieron 10%, se espera que en 2004 disminuyan, puesto que los principales exportadores a México son países europeos, sobre todo España e Italia, que por la sobrevaluación de su moneda están perdiendo competitividad.
El retroceso de los europeos empieza ya a reflejarse en los números: en 2004 las importaciones disminuyeron entre 8 y 6% respecto al año anterior. “Sin embargo no hay que descuidar este flanco –recomienda Federico Toussaint–, porque aun cuando lo importado corresponde a productos de lujo, como los de gran formato que escasamente se producen en el país, también llegan artículos muy baratos a precios dumping”.
Un factor que pone nerviosos a los fabricantes de pisos y azulejos son los costos de los energéticos. “En México tenemos el gas natural más caro del mundo. De dos dólares por BTU que pagábamos hace cuatro años, ahora estamos pagando 4.50 dólares, lo que eleva los costos”, se queja Toussaint. Hay que tener en cuenta que los hornos industriales donde se queman y esmaltan las cerámicas por encima de los 1,000°C consumen grandes volúmenes de gas.
Otro foco rojo es que cerca de 40% de la materia prima para preparar esmaltes es de importación, la mayoría de Europa y Estados Unidos, por lo que los productores nacionales se ven obligados a pagarla en euros o dólares.

Para frenar este impacto negativo, los productores de cerámica están invirtiendo en nuevas plantas, más automatizadas, que utilizan incluso la mitad del personal y que tienen más calidad y menores mermas (piezas defectuosas o “segundas”). Jesús Barney, director general de franquicias subsidiarias de Interceramic, afirma que los precios de algunos productos han bajado entre 10 y 15% en los últimos años.

Guerra sin cuartel

En el escenario de los recubrimientos cerámicos existen varios competidores, como Porcelanite, con 30% del mercado; Vitromex, con 25%, e Interceramic, con alrededor de 20%. Todos ellos han debido esforzarse por mejorar sus costos y aumentar las eficiencias. “Antes uno entraba a verdaderas bodegas, como tiendas de materiales de construcción, donde había cajas por todos lados –recuerda Barney–; ahora la tendencia es instalar tiendas como boutiques, donde todo está limpio, ordenado y bien presentado.” Interceramic ha explotado muy bien esta estrategia. A través de sus tiendas (y la figura de la actriz Christian Bach) ha logrado darle renombre a su marca y posicionarla mejor en el mercado.

“Tenemos tiendas Interceramic en cada ciudad de más de 1,000 habitantes –señala Barney–. También hemos abierto algunas en Estados Unidos. Así logramos estandarizar precios, descuentos y servicio, y sin recurrir a distribuidores. De los 200 establecimientos que hay en todo el país, unos 150 son propiedad de inversionistas independientes o franquicias.”
La experiencia de Interceramic, parecida a la de Recubre y otras marcas, demuestra que los productores de cerámica están dispuestos a buscar diferentes caminos por defender esta industria, que hoy más que nunca debe probar su resistencia al impacto.

Este artículo fue publicado en la revista Alto Nivel de la ciudad de México, en el segundo semestre de 2004. Todos los derechos reservados Impresiones Aéreas S.A. de C.V.  Prohibida la reproducción.

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