En afectuoso recuerdo
Gonzalo López Cervantes
(1946-1999)

En algunas páginas de este Foro, y en la bibliografía, aparece varias veces el nombre de Gonzalo López Cervantes. Fue compañero de Tere en la Escuela de Diseño y Artesanías (EDA) de La Ciudadela, en la ciudad de México, y recordamos haber tenido sabrosas conversaciones con él.  Sabíamos que era un arqueólogo y que estaba en las clases porque quería aprender la técnica y los materiales para aplicarlo a sus estudios sobre la cerámica mexicana prehispánica y colonial, sobre la que publicó varios libros y artículos. Durante mucho tiempo le perdimos la pista y cuando lo buscamos en el INAH nadie supo darnos razón. De casualidad (o quién sabe) nos metimos en la librería del Museo a ver qué encontrábamos, y ahí estaba una revista Arqueología con su nota necrológica. En su recuerdo publicamos aquí algunos párrafos del texto de su colega Elsa Hernández Pons.

Gonzalo López Cervantes
y la arqueología histórica de México

La arqueología mexicana conoció, gracias a Gonzalo López Cervantes, la importancia de registrar, entender y difundir el pasado colonial de México, con una metodología y sistematización rigurosas. El gran interés y entusiasmo de Gonzalo por este tema fue uno de sus más importantes labores y logros; podemos considerarlo hasta la fecha uno de sus principales exponentes. Sembró esta pasión en muchos de quienes fuimos sus alumnos y nos orientó hacia ese campo.
Maestro, colega y especialista, muchos de los estudios de Gonzalo López Cervantes son base de consulta obligada para los interesados en la arqueología histórica. Nació en Guadalajara, Jalisco, el 30 de junio de 1946. Estudió arqueología y obtuvo su grado de maestría en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), laboró en varias dependencias. Fungió como jefe de personal durante cinco años y organizó los archivos. En el Museo Nacional de Antropología, en la Dirección de Monumentos Históricos, y en el Centro INAH de Jalisco, realizó diversos proyectos, algunos de salvamento, y básicamente en el sitio de Ixtepete. Dejó muchos seguidores y amigos en Cuba y Guatemala. Murió en Guadalajara, Jalisco, el 26 de agosto de 1999
Quienes pudimos disfrutar a Gonzalo López Cervantes como maestro y amigo, lo recordaremos siempre amable, de buen humor, apapachador, profundamente erudito y con gran alegría por la vida y por la arqueología. Dejó muchos discípulos y sus amigos lo vamos a extrañar.
Gran lector, escritor, investigador y guionista de obras de teatro, dirigió un grupo teatral, “Las eximias”, en el que sus propios integrantes representaban las obras. Entre otras podemos mencionar: “El efecto de los rayos gama sobre las putas”, “Diálogos de sor Juana” y “Coyolyauhqui”.
Una de sus debilidades fue la cerámica de tradición hispánica, y dedicó mucho tiempo a su estudio.
Un planteamiento académico que le interesó desde 1979, fue un proyecto para la creación de un museo de la cerámica, en el que pudieran realizarse diversas actividades, conferencias, sesiones académicas y talleres de estudio de los materiales arqueológicos. La arqueología mexicana se merece, dada la importancia de los materiales de excavaciones que todos los días recupera el INAH, un espacio que nos permita la salvaguarda y sistematización de la información recuperada. Si esto cristaliza un día, Gonzalo sería el autor intelectual del proyecto.
Su labor académica puede resumirse en muchos y diversos rubros: investigación y docencia sobre arqueología prehispánica y colonial, además de un brillante conferencista y poseedor de una cultura amplia y profunda que le permitía disfrutar la diversa cultura material, lo prehispánico, lo histórico y el arte popular, como lo presentó en el libro Cerámica mexicana (1983, editorial Everest, México), donde nos refiere la importancia que tienen estos materiales:

“...la cerámica es frágil, pero imperecedera. Después de centurias de fabricación no pierde su forma ni su color, y aunque la vasija se destruya, sobreviven los fragmentos, en un grado mucho mayor que otros objetos como textiles y madera. De tal suerte, al estudioso le ayuda a distinguir culturas y sus interrelaciones, además de establecer horizontes culturales... México tiene una tradición alfarera de milenios. Esta parte de la cultura material la encontramos ricamente desarrollada desde la época prehispánica hasta nuestros días, es un dilatado universo de formas, técnicas y decoraciones... En resumen, la cerámica en nuestro país ha sido un indicador sensible de su avatar histórico”.


por Elsa Hernández Pons
Arqueología 25, Segunda época, enero-junio 2001.


 

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