Cerámica contemporánea de México

Mi opinión sobre la

Tercera Bienal de Cerámica Utilitaria, Museo Franz Mayer, 2007

Muy poco que ver

por Dino Rozenberg

Primer premio, pieza de Marta Ovalle Monday (foto DR)

Como lo dijimos en el blog, esta versión de la Bienal de cerámica utilitaria organizada por el museo Franz Mayer resultó muy pobre, y de veras pobre. Físicamente se nota la diferencia, porque en otras ocasiones se seleccionaron muchas piezas y casi se había llenado la galería del museo, que para quienes no lo conocen ocupa una ancha arquería que corre alrededor del atrio. Esta vez apenas si ocupa un solo costado. Aquí presentamos algunas fotografías de las piezas que nos gustaron.

Cuando fuimos, además, un día de semana, estaba desierta y esto aumentó el grado de desamparo de la exhibición. Si uno mira las piezas de manera individual, muy pocas tienen algún valor de originalidad, diseño o manufactura. Hay incluso algunos esmaltes comerciales, es decir que cualquier puede comprar en una distribuidora de Duncan. A mi me asombra, en lo personal, la falta de imaginación y de humor, y la mala o elemental manufactura. Salvo algunas excepciones, las piezas están mal hechas, mal terminadas, y con errores notorios.

De casualidad tengo a la mano unas revistas de Ceramics Monthly de hace 10 o 12 años. Lo que veo ni siquiera son piezas de concurso, sino el portafolio convencional de artistas norteamericanos, canadienses y de otros países. Muchos de estos trabajos son superiores, y hasta muy superiores a los que vemos en Franz Mayer. A algunos no les gustará que haga comparaciones, pero ahí están. Ya sabemos que en Estados Unidos hay un gran movimiento cerámico, escultores, escuelas, proveedores y talleres donde van cientos de artistas. Y eso es lo que me causa enojo. A nuestros compañeros mexicanos les faltan ganas, les falta humor, les falta ímpetu creador. no digo que les falta imaginación, pero pareciera que tienen miedo de usarla. Hasta en los tamaños son conservadores, porque la mayoría son piezas pequeñas, como si les asustaran los formatos grandes.

La pregunta entonces es, de qué cerámica estamos hablando; esto que vemos es lo mejor que pueden producir los ceramistas y escultores de un país de 105 millones de habitantes, que además se enorgullecen de una tradición alfarera y escultórica de tres mil años. No lo entiendo. No me parece.

Lo que resulta, cuando uno relee las biografías de los artistas seleccionados, es que seguimos siendo una pequeña logia de mujeres, con algunos pocos hombres, que se dedican a esto por algún tipo de vocación, pero que no se ha convertido todavía en una profesión, en una disciplina, en una verdadera carrera profesional. Algunos de los seleccionados, incluso, son personas aficionadas, que trabajan de tiempo completo en empresas o instituciones académicas.

Si uno mira más, la mayoría ha estudiado mucho, ha tomado clases en el extranjero (que obviamente pagan de su propio bolsillo, lo que habla de cierta holgura económica), ha participado en numerosas exposiciones. Pero la conclusión es que son gente aislada, que hacen esfuerzos individuales, que no forman parte de una asociación o de una corriente. Cada quien trabaja por su lado, con más o menos ayuda, con más o menos éxito, pero el resultado necesariamente tiene que ser pobre.

Para el museo Franz Mayer también hay algunas responsabilidades. Me da la impresión de que la Bienal, como proyecto cultural, se limita a una especie de recolección de piezas, y que toda la base promocional ha sido olvidada. Eso explica que este año las cosas sean peores que en las anteriores, porque no se ha sembrado ni estimulado la creación y el trabajo de la comunidad.

El esfuerzo esta incompleto. No escucho que los promotores busquen a las escuelas, a los talleres, a los proveedores; no escucho que entre una y otra Bienal vengan algunos ceramistas mexicanos y extranjeros a dar talleres, a platicar, a visitar a los artistas y a los artesanos. Creo que el Franz Mayer está demasiado solo en esto, y que por lo mismo no se ve un progreso a lo largo del tiempo. Este año ni siquiera se aparecieron los artesanos populares o los talleres más o menos fabriles que habían participado en el pasado. Ya ni siquiera discuto el tema de si las piezas presentadas son “utilitarias” o no, porque la mayoría no lo son. Pero ese seria un tema menor cuando lo que estamos discutiendo es sobre si esto es cerámica.

Creo sinceramente que tendrán que unirse con el Museo de Arte Popular, con el Fonart, con la EDA, con algunos talleres privados, incluso con artistas consagrados o que ya han sido jurados, para poner esto en movimiento. Y luego, la Bienal sería la oportunidad de exponer lo que se haya logrado en dos años de trabajo. Puedo imaginarme a Gustavo Pérez, a Díaz de Cossío, incluso a sus patrocinadores de La Ánfora, dando talleres o cursos, o compartiendo experiencias y conocimientos con la gente que tiene talento pero necesita orientación y asesorías.

En fin, hay que seguir trabajando, cada quien en su renglón, para que esta disciplina artística se encauce. La mayoría de los ceramistas se quejan de que nadie les presta atención, de que no hay lugares para exponer y vender, de que los coleccionistas o los decoradores no se interesan por sus piezas. Como estás cosas, dispersas y sin entusiasmo, resulta bastante natural que nadie se interese por la cerámica. Más fotografías.

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