Angelina construye ciudades a mano
Teresa Arduino
Angelina, nombre y apellido, es una artista que usa el barro y la cerámica para construir ciudades de encanto, de misterio, de miseria y de gloria. Aqui, una reseña de su exposición en la ciudad de México.
Hace unas semanas fui al Zócalo del Centro Histórico de
la ciudad de México. Fue una larga travesía pues vivimos a
45 km del Distrito Federal, pero al fin salí por la boca del Metro,
justo frente a la Catedral, un lugar donde se respira historia. Sin distraerme,
me dirigí por el costado de Palacio Nacional, por la calle Moneda,
buscando la dirección que me había pasado una amiga: Lic.Primo
Verdad número 10, esquina Moneda. Allí estaba a sólo
unos pasos. Hermosa casa de ladrillos rojos y tres plantas, antigua, muy
antigua. El folleto que me dieron dice que fue construida en 1536, y ahora
es el Museo de la Primera Imprenta de América.
En una de sus salas se presentaba la exposición “Historias de ciudad,
Angelina” que era lo que iba a ver. Y digo así, porque en esas piezas
de barro, hechas a mano sin lugar a dudas, la artista intenta trasmitirnos
eso, historias de ciudad, pero de una ciudad moderna que contrasta con ese
edificio, sobreviviente de una ciudad muy distinta, mucho más quieta,
mucho menos ciudad, como dice ella, “aprovecho el barro para contarles historias
que son, que no son, ...que podrían ser”.
En lo que a mi se refiere, lo consiguió. En el rato que allí
estuve, me asomé a la perspectiva de los enormes edificios
de espejos, reflejándose a sí mismos y también al cielo,
siempre cambiantes, imágenes de atardeceres a cuadritos y ventanas,
muchas ventanas.
Pero no todo es cemento: aquí y allá aparecen las gentes:
un asalto, jóvenes con mochila, jóvenes enamorados, un niño
¿muerto? Sobre unas escaleras, el comerciante frente a su tendido
de baratijas, la señora con sus hijas y sus joyas. Y también
una multitud de rostros, todos iguales y distintos a la vez, una muchedumbre
entremezclada con escaleras, muchas escaleras; es el Metro, claro: entrando,
una señora gorda con un niño de la mano, allá va otra,
con el niño en brazos, una mendiga que es pura mano extendida. Y a
su lado la superficie, el aire libre con sus autobuses y sus carros, en la
lucha despiadada por el metro cuadrado que les urge. Por ahí
también nos regala la imagen de esas viejas casonas de principio de
siglo, con sus escalinatas de mármol, sus grandes puertas y sus balcones.
Angelina, que así simplemente se hace llamar, es una artista mexicana
que conocí hace muchos años en la ciudad de México.
Ahora, según sabemos, vive y trabaja en San Miguel de allende, en
Guanajuato. Su propuesta estética es muy interesante, aunque todavía
su nombre no tenga el peso de otros artistas mexicanos de la cerámica.
Estamos pendientes de contactarla nuevamente, para entrevistarla y saber
más sobre sus actividades. Mientras tanto, si van a San Miguel de
Allende, pregunten por ella.
México, Noviembre 1999
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